Nos gastamos todo nuestro presupuesto en conseguir presentarnos a las elecciones (todo el día colgados del teléfono y viajando por la España profunda para conseguir la firma de 50 concejales, cosas de la ley electoral). En el último minuto -con la campaña avanzada- conseguimos un donativo de un viejo y noble liberal. No era mucho pero lo recibimos con auténtica euforia. Con aquel dinero decidimos hacer una modesta cibercampaña, sobre todo, contra la PAC. Unas horas antes de recibir el donativo ya habíamos decidido retirarnos y apoyar al Partido del Cannabis. Qué campaña! Creo que no pedimos el voto. :-) La idea central era atacar la PAC. Fue una conspiración antiproteccionista. Una idea que fuimos madurando según avanzaba la precampaña y nadie nos hacía ni puto caso. Todavía recuerdo los baldíos esfuerzos para ser entrevistados en EL MUNDO, ABC, EL PAÍS… Nada. Vetados en todos los sitios salvo en la red. Bueno en LA RAZÀ?N nos hicieron una entrevista (algo rara). Debimos hacer algo más gordo que lo de los tomates. Lo barajamos. Encadenar a Juanlu en la SGAE, a la que también dimos duro, fue la opción más valorada. El periódico más prestigioso e influyente de Latinoamérica se hico eco de aquella chaladura que no pasaba los filtros censores de los medios españoles. Pero no nos salió mal, lo de la PAC, digo. Hasta a Borrell le preguntaban por aquel slogan que hasta cierto punto popularizamos en la red. Casi todo el presupuesto de campaña lo destinamos a contratar un fugaz banner en elmundo.es y en un par de medios digitales y blogs. Los anticipadores nunca son los administradores. Apostamos por lo nuevo. Claro que para apostar hace falta dinero.
 Nos lo gastamos todo en un día y era muy poco. Un periódico regional nos censuró el banner, ni pagando nos lo querían publicar. Para los medios tradicionales no existía Coalición Liberal*. Norberg apostó por nuestro candidato. Era Juanlu. Vuelve.
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